miércoles, 7 de diciembre de 2011

El Puente





Hoy les comparto el video de una nueva campaña de lectura de Gandhi, una lectura fragmentada en una de las líneas del metro.

Para los que no conocen el cuento, se los leo, se trata de El Puente de Franz Kafka. (Es la primera vez que subo un enlace de audio así que les agradezco que si tienen problemas para escucharlo me digan).

Nos leemos, cj


La imagen es de una carta que le envió Van Gogh al pintor Èmile Bernard en 1887.

martes, 6 de diciembre de 2011

Si no hay lectura, ni el copete ayuda...



El lector también escribe el libro cuando el sentido penetra en él, cuando lo interroga.
José Saramago

¿Qué tipo de lector es aquél que titubea al hablar de lectura, aquél que pierde las palabras, desentona y se descompone por completo al tratar de hilar una frase?. Si algo posibilita la lectura es el dialogo, el hablar con fuerza y empatía sobre el deleite que suscitan las palabras.

Citar tres libros con sus respectivos autores puede o no ser cosa fácil para un lector. Explicar el por qué de la elección, interpelar con la mirada a quién pregunta, paladear el por qué adoramos un libro o lo aborrecemos, merodear en el olvido que acarrean algunas lecturas, la delicia de perder el nombre del autor porque lo hicimos tan nuestro. Quién lee se atreve sin pena a decir que le es imposible hacer una lista de sus libros favoritos porque hay tantos y tan distintos que se pueden nombrar, quién lee no es estático ni pasivo ante una pregunta que tiene que ver con la lectura, quién lee narra una historia no balbucea.

Al caricaturizado copetón se le cayó el teatrito, no porque no recordó libros que seguramente nunca ha tenido en sus manos, tampoco porque le falló la memoria o no citó a los autores apropiados. Se despeinó en público al mostrarse ignorante, falto de imaginación, astucia, lenguaje y lectura.

Nos sorprende porque es peor lector de lo que ya lo catalogábamos, nos fascina ver como sin guión no queda más que un pobre muñequito de aparador que asustado, implora un poquito de compasión y empatía por parte de su audiencia.

Si el incidente ocurrido en la FIL tiene o tuvo una razón de ser se verá a futuro. Miles de mexicanos gozamos al ver la lista de frases jocosas que hacen burla del político de pacotilla que quieren imponernos. Una vez  más la creatividad y el ácido sentido del humor de la nación circulan a diestra y siniestra por el país. Ojalá y todo los que nos sentimos orgullosos lectores veamos más allá del ridículo acontecimiento. Ojalá que la burla sirva para crear nuevas y profundas campañas de lectura, para reflexionar sobre lo que hacemos con lo que leemos y la fuerza y el dialogo que pueden resultar de alguien que si es lector, ojalá y después de reírnos a carcajadas volvamos a pensar en la importancia de la educación para sacar al país de la porquería en la que se encuentra.


No estamos salvados, la memoria es frágil y éste es sólo el principio del circo electoral que se avecina.

Me despido como inicié con las palabras de un escritor que fue lector, ciudadano y un ágil y perspicaz orador, nos leemos. cj

El drama no es que la gente tenga opiniones, sino que las tenga sin saber de qué habla.

Creo que, más allá de la función que deba o no tener el libro, lo que más se necesita en estos tiempos es que los ciudadanos nos reclamemos la función de pensar.

Lo peor que puede pasarnos es resignarnos a no saber. Hay que aprender a volver a decir que no, y a preguntarse por qué, para qué y para quién. Si encontráramos respuestas a estas preguntas, a lo mejor entenderíamos el mundo.

Las palabras que usamos con mayor o menor porcentaje, cantidad o frecuencia acaban trazando un retrato de nosotros mismos.

Al poder, no le pido nada porque nunca da nada. Al poder hay que arrancarle el poder, reducirlo, porque no necesita ser absoluto para corromper absolutamente.

Todas las citas son del libro José Saramago EN SUS PALABRAS, publicado por Alfaguara en agosto de 2010.

jueves, 1 de diciembre de 2011

FIL Parte 2 / Otra vez el mismo cuento

Mis crónicas de la FIL serán más escuetas de lo que pensaba, aún así les cumplo con un pequeño reporte:

Sábado
Por la mañana se inauguro la FIL, yo visité sus pasillos hasta en la tarde, me sorprendió ver el reciento ferial menos saturado que en otros años. Entré directo a FIL niños porque mi hija de un año nueve meses me acompañaba.

La idea era asistir al concierto de Luis Delgadillo y los Keliguanes así que llegamos  con tiempo  al concierto que estaba programado para las 7 y empezó al menos quince minutos después. Muy poca gente hacía fila y muy poca gente pudo disfrutar del excelente concierto. ¡Una lástima que se desperdicien estos espacios!

Recorrí los pasillos de FIL niños con el ojo entrenado de quién ha participado antes en este tipo de eventos. Me compadecí de los talleristas y me decepcioné de la ambientación pues me pareció una copia mediocre de lo que han presentado en otros años.

Por primera vez caí en cuenta de algo que me parece terrible: no hay talleres de lectura para la primera infancia, es decir para pequeños de 0 a 3 años. Sé que pensaran que estoy delirando y que no hay nada que estos pequeños puedan hacer. A lo que sin pensarlo dos veces les contesto, que si hay una edad para enamorarse ciega y locamente de los libros y la lectura es cuando por primera vez se observa el mundo.

Mi hija contempló extasiada un taller en el que les contaban a niños de entre siete y nueve años de edad uno de sus cuentos favoritos: Olivia del escritor estadounidense Ian Falconer. Yo por otra parte me enfurecí al observar una Olivia mal hecha y constatar que el cuento se utilizaba como parte del taller de educación financiera patrocinado por Banamex.

No me detuve a ver con minucia el resto de los talleres, me bastó la escasa creatividad en sus descripciones y la falta de nuevos cuentos y personajes (aunque la idea este año es retomar 25 buenas historias, creo que no salieron de los lugares comunes en LIJ) para reforzar algo que creo desde hace mucho: FIL niños hace de todo menos incitar a la lectura.

Y es que cuando es la manualidad, el regalito o la propaganda lo que rige un taller la lectura tristemente se olvida…

Después de FIL niños caminé un rato por el resto de la feria. Vi a Elena Poniatowska firmando autógrafos, revisé de pasada la oferta editorial del Fondo de Cultura Económica y salive como perro al ver los nuevos libros de Anagrama que ofrece Colofón.

El pabellón de Alemania me gustó muchísimo, las lucecitas colgando en círculo, los árboles de formas irregulares, la cabina para leer en voz alta, todo me pareció hermoso. Salí poco después de las ocho y por primera vez en no sé cuantas visitas a la FIL no había tráfico.

Domingo
Visita relámpago. Hay más gente pero se puede caminar sin tumultos. Mientras veía libros con mi hija en el stand del FCE,  a pocos metros de donde me encontraba la gente se amontonaba por ver a alguien, cuando me levanté para ver lo que pasaba pude observar al orgulloso y ensimismado Premionobeldeliteratura Mario Vargas Llosa. Tengo que admitir que yo de inmediato me acerqué, luego me quede rumiando algunas preguntas: ¿por qué el trato de celebridad? (un cúmulo de guaruras lo seguía a dónde iba), ¿por qué aunque no es de mis favoritos, la implacable curiosidad que devoraba sus movimientos?, ¿es un buen escritor un referente sobre la lectura?. … Después del FCE dimos una vuelta por el área internacional, en donde entre porras y gritos celebraban a Fernando Savater.

Salimos cansados y contentos. Otra vez esquivamos el tráfico.

Lunes
Mi hija y yo llegamos a la FIL poco antes de las cinco, queríamos ver de nuevo la presentación de Luis Delgadillo pero al parecer me equivoqué al leer el programa y a esa hora había una presentación de títeres en la que no duramos más de diez minutos pues a mi hija le asustaron.

Presenciamos la salida de los grupos escolares de FIL niños; el desorden, los gritos y el menosprecio por lo que habían hecho minutos antes en los talleres (los basureros y el piso daban cuenta de las pobres manualidades olvidadas).

Recorrimos de volada el área general, saludamos al simpático Marcelino Cereijido que más tarde presentó su nuevo libro “Hacía una teoría general sobre los hijos de puta”.

Antes de salir vi a Cristina Pacheco sentada en la Editorial ERA esperando al incansable José Emilio Pacheco, que sonriente firmaba la nueva y hermosa edición de  Las Batallas en el Desierto.

En fin… seguiré en cuanto vuelva a la FIL.

Nos leemos, cj

lunes, 28 de noviembre de 2011

FIL



Empezó la FIL y hacer cualquier otra actividad durante el día me hace sentir intranquila. Aunque no compraré nada este año, desearía poder vagar por horas por los pasillos de libros y perseguir como espía secreta a escritores y demás celebridades literarias. 

El mundo debería detenerse durante unos cuantos días para reconciliar a la humanidad a través de la lectura.

Siempre me he sentido segura cuando estoy rodeada de libros, no solo lo que esconden dentro me resulta atractivo. Sí, es el lenguaje, las palabras y esas voces de antaño, de ayer, de hoy o de mañana las que acaban por conquistarme. Pero la luz de las portadas, el color de las solapas y la fuerza con la que los libros se muestran ante el mundo, es la que me hace empezar a quererlos. Soy cursi y me enamoro a primera vista.

Si tan solo fuera posible inyectarle a otros mi amor por la lectura, mi gusto perpetuo por el sonido de las palabras y el crujir de las hojas cuando van pasando. No hay ojos más hermosos que aquellos que se detienen a leer un poema, ni manos más tersas que las que cuentan un cuento, no hay voz más deliciosa que aquella que entona una historia o deshilvana el dialogo de algún personaje.

Yo leo para no estar sola, me cobijo de libros para paliar el dolor del mundo y aventar lejos tanta vileza. Me escondo en las letras para guardar mi ansiedad y reír a carcajadas.

Los libros, las ferias y los escritores no son todo, ni son perfectos, hay burocracias, consumo y porquerías disfrazadas de buenas lecturas. La idea siempre será mirar más allá de las estanterías. Buscar la voz oculta, el guiño de vida y la suavidad de una dulce conversación.

Trataré de escribir pequeñas crónicas sobre la FIL para aquellos que sé les gustaría rondar los pasillos de la feria junto conmigo. Nos leemos, cj

martes, 18 de octubre de 2011

El aprendizaje amoroso


No es un secreto que yo estoy perdidamente enamorada de la Literatura Infantil y Juvenil, los buenos libros para niños y jóvenes son una forma de literatura tan pura y sensible que me resultan adictivos. Sus imágenes, colores y palabras a menudo danzan en mis pensamientos y van transformando mis días.

Un libro que no me canso de leer, releer y mirar con todo cuidado es “El aprendizaje amoroso”, escrito por  Laëtitia Bourget e ilustrado por Emmanuelle Houdart, publicado en español por el Fondo de Cultura Económica en 2005.

Es un libro que cuenta una historia de amor. Un cuento más allá de las historias rosas y perfectas, pues los protagonistas deben de aprender a quererse a pesar de sus defectos y lo que no les gusta del otro.

Un álbum repleto de ilustraciones transgresoras e inusuales, que cuentan junto con las palabras y retan al lector a deleitarse en las minucias de los trazos.

Hoy como experimento no les dejo palabras de la historia, les dejo la historia completa, en un video que me parece bien logrado, pues la lectura es clara y sin pretensiones y se pueden apreciar fácilmente las ilustraciones. Nos leemos, cj


lunes, 26 de septiembre de 2011

Motolinia

Si hablaran esas escaleras, esas rejas y esos balcones. Contarían las historias que se han quedado tatuadas en nuestro ser. Somos esos recuerdos que nos unen en los escalones. Esas amistades que nos hicieron llorar y los noviazgos que casi no nos atrevemos a recordar.

Cada escalón fue testigo de los cientos de calcetas enrolladas y dobladas que transgredían las instrucciones eternas de las monjas también eternas. Vieron pasar las modas que deformaban el uniforme y nos hacían sentir que nos veíamos mejor que nunca; los pants doblados hasta las rodillas, o tan pegados que parecían mallas, las playeras largas por debajo de la camisa, las camisetas descocidas los suéteres agarrados a nuestra cintura, simulando los abrazos que nos prohibían y a los niños que se llevaban a jugar a otra parte.

Arriba de las escaleras. En el puñado oculto de otras escaleras, pasábamos el recreo, deshilvanando las que serán por siempre las pláticas más interesantes de la vida, recorriendo quereres y analizando rivales; entre molletes con mostaza, paletas de cajeta, cacahuates, chocolates que hacían las veces de monedas cuando no había cambio y el olor del recreo mezclado con el del baño de niños.

En ese patio que ahora me parece más pequeño, jugábamos a ser deportistas, malabaristas y buscadoras de tesoros. Lo que ahí veíamos podía hacernos o deshacernos el día. Los sábados ese lugar gastado era el paraíso, por la tarde todavía se escuchaban las risas.

Pocas cosas me han resultado tan interesantes a la distancia como el tiempo que pasé encerrada entre el marco de la ventana y la reja del patio. ¿qué pensaba mientras me cocinaba atrapada allá afuera? ¿mientras evadía a toda costa una clase?. No pensaba. Sentía el día, el sol, la prohibición absolutamente infantil y el gozo de hacer lo que se me pegaba la gana. Del otro lado tenían clase, yo victoriosa me derretía.

Extraña mezcla de sensaciones al observar una fotografía. Sin quererlo me descubro presa de una melancolía que dormía sin tregua. Extraño esa escuela, mi adolescencia, la sentencia de “Dios te ve” muy por encima de los baños de niñas, la ausencia de espejos y nuestro reflejo en los cristales. La fuente y sus moscos. Mis mochilas, la banda de guerra que siempre fue más un motivo de amores que de guerra.

Nunca seremos tan libres como en la adolescencia, esa adolescencia en la que no se necesitaba mucho para gozar o para sufrir, esa que ahora nos parece un espejismo y nos hace escribir desparramando miel. Esa que ojalá podamos heredar y contagiarle a todos los que se han olvidado de vivirla.

Estas palabras las detonó la fotografía que ilustra la entrada. El patio de secundaria. Gracias Ale por compartir la foto. Nos leemos, cj.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Para recordarte

Hace ocho años se murió mi hermano y fue algo inesperado, rasposo, amargo y lacerante. Porque la muerte duele y nos mueve el falso piso en el que a diario nos sentimos seguros. Porque el olvido es lento y el recuerdo y el amor que le teníamos sigue habitando nuestro cuerpo y nuestra vida y de repente sacudirse a alguien cuesta más trabajo que escalar la montaña más alta o imaginar que la vida sigue.

Hace ocho años la vida era el infierno, los días grises, largos, eternos. Cada paso era de hierro, pesado, cansado, titánico. Seguíamos despertando porque había que hacerlo, no teníamos opción. A nosotros nos tocó vivir, nos quedamos sin querer, pero nos quedamos.

Un día de repente salió el sol y nos sentimos más cálidos, gozamos del aire y del cielo azul. El gris de nuestra vida no se había ido, pero entre las lunas grises se asomaba un destello de vida, de otra cosa que no era la muerte el duelo y el corazón adolorido.

Arrancamos junto con las hojas del calendario, nuestro amor hacía el que partió primero, entre llantos, berridos y mocos, encontrábamos la certeza de tenernos, el aplomo para seguir y la dicha de estar juntos. Los días no pasaban rápido, la vida se hacía lenta, pausada, a cuenta gotas.

En el silencio de los abrazos, de los gritos de furia y pena compartimos el hueco, la ausencia que había que llenar y el recuerdo que quedaría tatuado.

Pasó el primer año, 365 días sin él pero con él, porque no dejamos de mencionarlo, lo hicimos un santo, el mejor cómico un filántropo por naturaleza,  genio, atleta y casi artista. Así se deforman los recuerdos.

La muerte de alguien querido casi siempre duele en oleadas, primero nos adormece, luego no petrifica por instantes y sacude nuestras entrañas. El resto del tiempo lo pasamos recomponiendo nuestro ser, cuidando lo que nos queda y esperando que el dolor deje de doler.

En ocho años la vida ha cambiado mucho, sé que ahora mi hermano disfrutaría lo nuevo que hay en nuestras vidas, se quejaría del tráfico, de los políticos y de nuestras exageraciones. Comería carne a destajo, escucharía música, jugaría futbol y  soltaría efervescentes carcajadas en momentos inoportunos. El resto de su vida no me atrevo a inventarla, porque se fue joven y para nosotros siempre tendrá veinte años.

En ocho años nuestra vida ha cambiado mucho. A los días de la mirada perdida le siguió una agresión desmedida, los reclamos, la furia y lo irremediable de la muerte. La tentación de dejarse ir era la única certeza. Hay muertos vivos que ni siquiera se dan cuenta del estado en el que deambulan.

Después del principio decidimos vivir, seguimos queriéndonos y reanudamos la carrera, la fuerza del cuerpo irrigó de nuevo el sentimiento. Reír otra vez tenía sentido y cantar era una alternativa. Nuevos amores atravesaron nuestras defensas y anidaron en la familia. Abrimos puertas para pensar, crear y entender. Recibimos las estaciones y las despedimos, mi hermano se convirtió en un árbol, la estrella más brillante y un evento afortunado en la rutina del día a día. Nos vaciamos de él para seguir viviendo y recordarlo como era.

Después de la muerte hay calma, silencio y la oportunidad de volver a empezar. Después de ocho años sé que no sería lo que soy sin la experiencia vivida, el recuerdo y el amor que compartimos me hacen ser y seguir haciéndome.


El diez de septiembre de 2003 se murió mi hermano menor; leer, escribir y seguir amando fueron mis asideros para no perderme, hoy les comparto este pequeño texto personal nos leemos, cj.