¡Se acabó! Tuvo que ser hoy porque prolongar las despedidas las hace más amargas. Así que hice acopio de las fuerzas que me quedan y me despedí del programa de radio, con la certeza de que nada es definitivo y algo nuevo llegará, con el gusto del trabajo compartido y la complicidad de mis colegas y buenas amigas.
Y unas horas más tarde me encuentro tranquila, pienso y trato de sentir, busco dentro de mí todo aquello que no atino a nombrar por falta de claridad y el caos que implica una mudanza.
Como tantas veces mis ojos se detienen en el marco de una ventana, intentan transgredir el espacio y salir volando, encontrar alternativas y un país un poco más humano. Pero luchar es cansado y la música que arrulla a mi hija me adormece.
Entonces sueño. Que la vida no duele tanto. Que es posible un mundo en el que la educación sea uno de nuestros objetivos principales. Que los niños tendrán un lugar digno para crecer y convertirse en adultos. Que hay espacios para jugar y detenerse en la mirada del otro. Que todo caleidoscopio es un reflejo de lo que somos y seremos. Que las palabras alcanzarán y recobrarán su significado. cj